Cuando eran jóvenes y jugaban a tener una relación, alguna vez chino le dijo a miel que sentía pena por todas 'esas' personas que estaban con su pareja por descarte. Incluyó a su hermana mayor y la usó como ejemplo cuando la vio venir hacia ellos, caminando de la mano con su compañero:
"Mírala. Ni siquiera está con la persona que ama. Está con alguien por el hecho de no estar sola. No quiero eso en mi vida." Dijo.
"Mírala. Ni siquiera está con la persona que ama. Está con alguien por el hecho de no estar sola. No quiero eso en mi vida." Dijo.
Miel alzó la vista y sintió pena del par, mas por influencia y prejuicio de chino que por detenerse a pensarlo. Se preguntó si acabaría así a los 27 años, la edad de la hermana mayor y deseó con fuerza que no. En una ráfaga de impulso, tomó la mano de chino y le besó, y le susurró que el futuro de ambos sería distinto.
Una tarde sin despedirse, chino y miel comprendieron que era hora de tomar caminos distintos; y así cumplieron un tiempo prudente sin saber el uno del otro; hasta que un día, miel distinguió a chino entre la multitud caminando de la mano con la chica de los ojos mas chinos que nunca antes vio. No eran ojos para reposar, y lo reconoció en la manera en que Chino expresó un gesto minúsculo, casi desabrido.
Chino parecía tan distinto ahora que podría la comparación de un huracán que todo se llevó hacer gala a la forma en que se reconstruyó.
Y al verlo ahí sin que el le viese, recordó la vieja apreciación concluida con el ejemplo de su hermana mayor. Mas no por prejuicio, sino por comprensión, miel descubre que, sea por matar el tiempo, por no estar solo, por descarte (o incluso por encarte), es válida también la compañía de un ser tan ajeno a nosotros como forma de reemplazar al amor. Después de todo, miel nunca sabe con qué soledad se tiran entre extraños que se encuentran en el mismo barrio, la misma ciudad o bien en países distintos.
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