martes, 7 de mayo de 2013

La belleza interior está demasiado sobrevalorada



La tarde estaba nublada. La calle estaba llena de gente yendo y viniendo. Los charcos revelaban los rastros que dejó una lluvia, o dos quizás. 

Mientras esperaba que Kat comprara los materiales para fabricar artesanías, estaba sentada sobre la bicicleta observando los charcos y sus reflejos (algunos momentáneos) posados en las calles sucias del mercado. Sin esperarlo, de repente sentí la mano de alguien rodeando mi cintura. Cerré los ojos y deseé sorprenderme. Giré 45° mi torso y levanté mis pestañas.  

-Hola Day.

Detrás de unos lentes oscuros se escondió un rostro familiar que momentáneamente no logré identificar. Hice un nuevo análisis y rápidamente estudié sus rasgos: su nariz, sus labios, sus cejas, sus orejas, su pelo, su piel bastante marcada por el paso del acné. Pero todo fue en vano. No logré identificar quien era. 

Hola tú. ¿Cómo estás? Rato sin verte. (Fueron las mejores palabras que se me ocurrieron para salir del aprieto)

-En serio? Si nos vimos hace poco en la cafetería. Bueno, yo te vi, de pronto tu a mi no.

Ay Mierda. Quién es este man y por qué no lo recuerdo

(Se quita las gafas).
Y mientras lo hace me siento ligeramente atrapada en la falsedad de mi saludo.

Es Leo. ¿ESTE ES LEO?

Leo solía ser un chico guapo. Nada del otro mundo. No iba mas allá de tan solo una cara bonita; poco inteligente, bastante corriente y ordinario en realidad. Realmente su única cualidad era su rostro de perfil griego, pero este se tornaba casi difuso cuando empezaba a hablar y te transportaba directamente a aburrilandea. Sus comentarios a veces te hacían pensar que su inteligencia estaba o bien escondida, o bien separada por una delgada barrera de los límites de la estupidez. Leo tenía su cara destruida ahora. Esto realmente me daba igual, pero mientras intercambié unas cuantas pocas palabras en este breve lapsus, no dejaba de pensar en lo duro que debía de ser para el, pues siempre fue un chico bastante superficial. Pobrecillo. 

Nos despedimos.

Kat salió del local. Tomó la otra bicicleta y se subió. Observé su soberano trasero, de esos a los que hay que ponerle veladoras y rezarles una oración. Pensé que ella y mi hermana tienen los dos traseros más hermosos que nunca vi.

Yo: Compraste todo lo que necesitabas?
Kat: Si, ahora vamos a comprar los aisladores térmicos de mi papá.
Yo: Vamos pues...

Esquivando los charcos a cada pedal por el camino, reparaba en mi cabeza nuevamente la imagen de Leo. Era difícil de digerirla. En algún momento ese chico me pareció atractivo, pero como toda clase de gusto ligero, rápidamente se desvaneció hasta convertirse en algo trivial. Más allá de todos esos huecos en su piel, pensaba también que hoy día se aboga a favor de la belleza interior; se leen comentarios en las redes sociales sobre la importancia de las esencias para compensar la poca gracia con la que nacen algunos. Se está sobrevalorando la belleza interior, que es por excelencia otro prejuicio igual, o incluso mas excluyente que la belleza exterior. Y seguía dándole vueltas a Leo, en quién no encontraba ya ni belleza física ni belleza interna. ¿Dónde queda Leo? ¿Será un forajido, exiliado, desterrado de este mundo contemporáneo que solo observa esa dos clases de bellezas, y de las cuales ya no posee ninguna? 

Kat: Qué piensas?
Yo: Mmm... nada realmente, los charcos. Me están chispeando las piernas.

Breve silencio.

Yo: Kata, no encontrarle a alguien ni belleza física, ni belleza interna, ¿Me hace demasiado superficial? o ¿Demasiado realista?
Kata: Jajajajaja... Ninguna de las dos. Te hace demasiado Hijoputa.


miércoles, 13 de marzo de 2013

Miércoles: Pajitas analico-descriptivas.

El escribió un msj diciendo "Te adoro" y 7 horas después, me pidió en otro mensaje que olvidara el anterior. 

El quiere creer que aún me ama, pero si tan solo se detuviera a pensar en lo que ha hecho y dicho, comprendería como yo que su amor no abraza mas que el recuerdo de lo que fui en el pasado, convirtiendose ahora en una ilusión. Mi pasado es su descanso. Mi presente su cruz. Mi futuro no le interesa.

Mas ahora, el desprecia mis defectos y señala mis acciones; el escucha de terceros y juzga sin condiciones. El es un monstruo y yo le amo. Pero le amo no porque sea masoquista y me lastime, sino porque en sus defectos encuentro la esperanza del retorno sobre lo que fue, y lo que fuimos. Nuestro amor es una semejanza materializada de distinta forma, que no se toca ni se huele, sino que simplemente se transforma para engrandecer el rencor que perpetúa la distancia y zanja los caminos que muy seguramente ya no nos reunirán.

El tiene un juego morboso para volver hasta mi por los caminos mas estrechos de lo que ya no seremos, pero siempre termina yéndose por magnos campos abiertos y colmados de razones para no quedarse. Le he pedido que lo deje ya y que no retorne, palabras que me despedazaron con mis propios dientes; el sabe muy bien que no me va a perdonar y a la par yo me pregunto si realmente hay algo que él deba perdonarme, mientras me cuestiono frecuentemente... Pero ¿Qué fue lo tan malo que le hice que el no me haya hecho? 

El de alguna manera encuentra fortaleza en mis debilidades. Y eso es sucio, y eso es ruín.

"Señorita, señorita por favor, cásese conmigo".

Me gritó un desconocido en las calles del centro hace unos pocos días. Lo examiné y realmente no tenía tan mala pinta, pero solo le enseñé mis dientes en un gesto condescendiente. Debí decirle que si. Que nuestro desconocimiento mutuo seguramente sería nuestra mas fiel y poderosa ventaja para el matrimonio. Pero ahora lo imagino a El destruyendo mi boda, pues su lema pareciera no dejarme ser feliz sino es con él. Esto hace parte de su juego morboso. Ese juego en el que se empeña en inmiscuir a terceros, a despertar cicatrices que con solo tocarlas sangran, mientras envía falsas señales de amor como gesto de limosna a través de mensajes que además de inconclusos, se dejan al olvido.

Su juego voluble que tanto le divierte es una destrucción emocional para mi, acto seguido del cual solo hasta ahora me percato, queriendo creer que realmente no es consciente de ello, pero teniendo la certeza que la ingenuidad no es precisamente su sello.

El lleva un niño por dentro y yo siempre fui su juguete favorito,
Ahora solo soy un viejo recuerdo roto que navega entre sus morbosidades
Y desde aqui hasta siempre, simplemente seré un prefijo.

martes, 12 de marzo de 2013

Martes: What the hell is going on?



Imagen plagiada 


El rasgueo inconcluso de la guitarra que pretende ser una canción.


La sobriedad de una madrugada que despertó trasnochada.


El vilo de una noche que se estancó en una película muda recreada por imágenes falsas.


Las ojeras como tumbas donde reposan fantasmas y recuerdos de tantas noches olvidadas.


El resplandor que revela la delgadez de una desnudez.


El detrimento de una letra en la voz no indicada.


El contoneo de un ritmo rayado en la curva de una melodía.


El camino disfrazado de lo que aparentan ser buenas intenciones.


Un discurso D..e.s....tr....u.i....d......o.


El lamento de un cristiano soberbio y pretencioso de su fe.


Lo que estuvo aquí y mas pronto que tarde se fue.


Lo que ni siquiera llegó.


Lo que llegó sin previo aviso, pero poco o nada importó.


El arraigo de un pensamiento que siempre retorna para echar raíces.


La baja y repentinamente alta carga emocional


La manera en que se deshacen miles de pensamientos con una exhalación,


El milésimo de segundo en cerrar los ojos para respirar el olor de los pensamientos en esa exhalación.


El preciso rincón de un pasillo mental.


La guarida de un autismo estratégico.


Los secretos de un silencio.


El insomnio de un café, mas de ojos que de campos cultivados.


Las palabras que se agotan


Los demonios que no faltan


Los minutos que no sobran


Los segundos... solo eso son, segundos.


lunes, 11 de marzo de 2013

Lunes: rebaño de ovejas descarriadas


Una mañana que despertó tarde. Una oficina repleta de estorbos. Una lectura aburrida. El rostro de un ex-concuñado como decano en una oficina más dormida que despierta. El no reconocimiento. La certeza del fin de un sentimiento. El dolor del ego. La razón de tomar distancia. El olvido y la soledad como hienas que acechan. La agonía de un recuerdo. El regreso a la oficina mas dormida que despierta. El reconocimiento de un no-lugar. La incomodidad de la mosca en la leche. El fin de una tarde.

El regreso a la oficina de los estorbos. La presencia de un bufón. La imaginación como puerta de escape: El recuerdo de una noche. La mañana de una playa. El descanso de una hamaca. El resplandor que ciega el viento. La arisca noche de  una luna. El manto de un abrazo. Los besos que se secaron. Los ojos que ya no lloran. La ironía del pasado. El desaliento del presente. Lo improbable del futuro.

La salida de un pasillo. El consuelo de otro gesto. El agrado por lo ajeno. La intención de una seducción. El desgane de seguir un juego. La libertad para esclavizar al otro. Lo implícito en el deseo. La falta de vitaminas. Las excusas sin argumentos. Las mentiras bien elaboradas. Las almas bien libradas. El despertar.

El despertar para darte cuenta que es hora de dormir.
Para darte cuenta que no eres tu.
Que el problema es una cuestión de percepción.
Que Arjona me vale mierda.
Y que el saludo es una forma de decir adiós.