lunes, 12 de septiembre de 2011

Los pro y los contra de hacer dedo

No dejes que se vaya. Si se va no lo verás nunca más. Si se va hablará otros idiomas. Se cubrirá con ropas nuevas, Aprenderá distintas formas de placer. Descubrirá que era hermoso estar a  tu lado pero que no eras imprescindible para respirar.
No lo dejes ir. No puedes dejar que se vaya. Hazte un sitio dentro de sus pulmones. Asesínalo, pero no lo dejes ir.
Los que se van no vuelven, los que vuelven son siempre otros. Apunta directo a su corazón y dispárale toda la muerte. Tienes el derecho otorgado por el demente tribunal del amor. 
Asesínalo. Te absolveremos los que hemos amado alguna vez. Pero no lo dejes ir, porque cuando se deja partir a alguien, ya no se lo ve nunca más.

Marc, la sucia rata.

Jose Sbarra

sábado, 3 de septiembre de 2011

Erótico

Como en cada clase, ella estaba sentada en su puesto habitual: Bajo el ventilador de la izquierda, cercano a la ventana. No se por qué razón hoy tenía unas ansias incontrolables que se reflejaban a través de su lenguaje corporal: Cruzaba las piernas una y otra vez, recogía y soltaba su cabello, mordía sus uñas desmesuradamente o bien se reacomodaba en las sillas de alguna forma nueva; Al final solo se fijó en mascar y chupar la punta superior de su bolígrafo.

A dos puestos detrás de ella, eduardo la observaba con una mezcla de deseo y admiración y durante cada clase que le veía, se perdía en las largas piernas o en los ojos tristes de Mayra.

Pero, momento; ya no era admiración. Eduardo humedecía sus labios y empezaba a respirar de manera acelerada mientras observaba a Mayra chupar con ferocidad la punta de su bolígrafo. Sus ojos se dilataron y su exhalar se precipitaba ante cada pestañeo de esta. Una gota de sudor bajaba por su sien mientras su piel empezaba a tonarse rosada, a punto del color que causa el éxtasis instantáneo de un orgasmo. De repente Mayra se levanta y pide permiso para ir al baño; cruza a través del salón mientras trata de tapar su boca tímidamente: El lapicero se había dañado en la parte superior por los mordiscos de esta y ahora la tinta azul destilaba por sus dientes, lengua, labios y desembocaba chorreando en su barbilla. Eduardo la observó con tanto detenimiento y placer que su rostro reflejaba lo que su cabeza imaginaba: La tinta, el lapicero, Mayra, la boca de Mayra y el. Una eyaculación pedagógica.

Mientras tanto, yo del otro lado del charco agradecí al erotismo por existir en los tediosos momentos escolares.

¡Corre!

Escrito el miércoles, 21 de octubre de 2009 a las 22:53

Era domingo y salía del trabajo. Esta vez estaba en la kra 30. Era la tercera vez que me rotaban. El reloj advertía las 10:10 Pm. Salí con alexa por la entrada principal del centro comercial y le pregunté al celador dónde podía tomar mi ruta. Me dijo que habían dos opciones: La 30, avenida principal o la esquina de la 13. Pero con seria expresión me dijo que: "la 30 es mucho mas peligroso a esta hora." Don Saúl, que alivio es saber que ninguno es seguro. Gracias, nos vemos mañana.

Asi que ella y yo nos echamos a andar. Cuando íbamos por la 11, faltando dos calles para llegar a la esquina de la 13, observé a dos tipos con mala cara y pinta del otro lado de la acera que cruzaban en nuestra dirección. Nos siguieron por media cuadra hasta que nos subimos a una estación de transmilenio. Entonces los tipos frenaron y dieron media vuelta de regreso. Siguieron de largo y los perdimos de vista cuando cruzaron debajo de un puente.


-¡Diablos!, eso estuvo muy cerca Alexa.
Esta tenía los nervios de punta. Nos acercamos a otro señor dentro de la estación para preguntar nuevamente donde tomar mi ruta y que no fuera en dirección a la 13, donde por lo visto, estaba demasiado caliente a esa hora. Este viejo nos dijo que posiblemente ni siquiera hubiese ruta a esa hora y que era "muy pero muy peligroso" que andara por allí a esa hora.
-'¿Porqué no responden lo que se les pregunta?' Pensé. Viejo fastidioso y de mal agüero.

Le repetí la pregunta en un fingido tono de amabilidad y esta vez me dijo: 'cruzando ese parque sin iluminación llega a la 3o, pero el problema es que eso esta lleno de indigentes'

Me asomé desde la estación al parque y este señor, terco, testarudo y atrevido me reprochó:  'No debería si quiera pensar en meterse por ahí niña'



Miré el reloj. 10:20 pm.


-No se preocupe Don abuelo. Mi segundo nombre es Batman, le dije guiñándole un ojo.


Me volví con Alexa y le dije que me iba entonces por la 30, que no tenía otra opción. Probablemente esos tipos estarían rondando en la doce o la trece intentando cazar. Además que no me sirve la ruta del transmilenio. Me dijo que durmiera en su casa, que ella me prestaba ropa. Le dije que estaba a una hora de la mía y el trabajo a otros 40 min y debíamos estar a las 9:00 am en el almacén. Qué pereza despertarme madrugada Ale, mejor cuídame desde el puente, me podrás ver atravesando el parque hasta llegar a la 30.

Nos despedimos y bajé de la estación. Respiré hondo. Ahora solo estaba yo. No podía arriesgarla a ella también a que me acompañara a casa... Ale ale, si me pasa algo, ha sido un placer conocerte en estos dos días de trabajo que llevamos juntas, pensaba mientras caminaba. Llegué al parque que, efectivamente estaba sin iluminación y habitado por indigentes. Me volví hacía el puente y Alexa me observaba desde allí. Saqué de mi pecho un crucifijo sin valor religioso que me regalaron antes de viajar y entre susurros pedía a quién me lo obsequió: Por favor cuídame, cuídame, que nada me pase, por favor. Cuídame... Pero por dentro, muy dentro, una voz me reclamaba diciendome: Payasa dramática. Un crucifijo no te va a salvar...

Mi andar entorpeció, mis manos sudaban, mis piernas temblaban del frío, horrible y detestable frío capitalino. Miré nuevamente hacia el puente y ya los arboles me escondían de Alexa. En los alrededores algunos solo me observaban, otros se colocaban de pie y yo solo aceleraba mi paso. Veía la avenida lejana a pesar de llevar un paso de trote.


-¡Puto parque, te veías pequeño desde el puente!


Cuando por fin finalizó el sendero y llegué a la avenida principal 30, una chica paso a mi lado dirigíendose justo al lugar de donde yo venía. Sentí pena por ella. Yo acababa de advertir a los habitantes de victimas y esta estaba entrando como tal.


-Tonta, ojalá tengas suerte. Sino, ha sido un placer matarte indirectamente.

En la calle principal me hallé esperando una ruta que no aparecía; Era como una carretera fantasma: en silencio, abandonada. No había una sola persona en los alrededores. Todavía me faltaba el aire. Seguía asustada y escurridiza como un cachorro sin mamá. Crucé la carretera y me quedé en una esquina doble. De repente me volví al sentir a alguien detrás de mí y efectivamente, allí estaba un tipo a tan solo unos pocos metros. Lo reconocí al instante. Era uno de los que nos seguía cuando iba con Alexa. Retrocedí dispuesta a correr hacia el otro lado y para mi infortunio, allí estaba el otro. 


-Auch!


Me sentí cazada, como ardilla bajo una caja. Caí directo. Me puse en bandeja de plata.


-Tonta tonta tonta. Ha sido un placer Alexa; mamá, lamento haberme ido de casa, papá, si Dios  y su justicia divina existen, pronto nos veremos en el infierno. Hermanos... Mmm.. Olvídenlo. 

Dejé de pensar en lo estúpida que fui cuando bruscamente uno de los tipos me empujó y se puso sobre mi contra una pared, amenazando mi cuello con un exacto (o Bisturí para algunos).


Su aliento dijo:"¡El bolso mona!"


Algunas palabras que no sirvieron de nada pronuncié y mi vista se nublo por las lagrimas que no pude controlar. Cada   segundo que pasaba se convertía en una dificultad para respirar: Si por lo menos te calmaras e intentaras respirar bien; maldito ahogo, no es buen momento para que aparezcas. La universidad, no la terminé. Mis enemigos, malditos! bailarán sobre mi tumba! Que me quemen y rieguen las cenizas al mar! No! eso es muy novelesco! Que las usen como mezcla para la construcción de nuestra ultima casa, y que ese sea mi hogar.


Me desprendieron del morral; el otro sujeto que nunca pronunció palabra empezó a revisarlo.


-Qué decepción. Solo tengo las sobras del almuerzo y mucha basura guardada de los 3 últimos viajes. Seguramente me van a chuzar por no tener dinero.


Cuando el que estaba encima de mi volvió su cuello preguntando al otro que, qué había encontrado, el santo en el que no creo se me apareció y me iluminó. Empujé primero, ágilmente hacia atrás su mano que estaba amenazando mi cuello con la cuchilla y luego con todas mis fuerzas a él, que tropezando con un pequeño desnivel en el andén, se fue hacía atrás cayendo sobre el asfalto.


-¡Corre Hijoeputa, Corre ahora!
Momento en que sin dudarlo, corrí con los saltos más largos que jamás día en mi adolescencia, y que tripliqué al escuchar decir a grito del que cayó: "¡Agárrela pirobo!"
Podía escuchar los pasos del segundo correr tan cercanos y tan prontos de los míos que en un segundo, por instinto, sentí un disparo de energías por cada parte minúscula de mi cuerpo que me habría llevado a ganar alguna medalla de atletismo en un mundial olímpico.



Fueron algunas siete cuadras largas y desoladas las que corrí hasta llegar a una estación de gasolina bastante iluminada donde me frené detrás de un tipo, quien sin preguntarlo, supo de qué se trataba mi situación. No había señal de los otros dos.

La mano me dolía y la saqué subiéndola hasta mi pecho. Estaba empuñada guardando algo. La extendí y allí estaba el crucifijo que me había sacado del cuello, que el me había regalado. Me temblaba cual Parkinson crónico. Mis dedos estaban marcados por las puntas de la cruz que, sin darme cuenta había estado apretando con todas mis fuerzas desde el parque.

"Te debo una Cristian Casallas, una bien grande."

No se lo digas a nadie

Escrito el Sábado, 14 de noviembre de 2009 a las 1:38 am


Cuando llegué del colegio, Papá y Juan Carlos estaban en la carretera del frente de nuestra casa arreglando uno de los buses de transporte público que se había averiado. Después de almorzar, me senté frente a la TV y coloqué Cartoon Network para ver a Tom y Jerry en acción.


A eso de la 1:00 de la tarde entraron empapados de sudor, con los hombros rojos por el sol y con la ropa sucia de grasa, aceites y otros utensilios de mecánicos. Corrí a la cocina y saqué un poco de limonada; papá me alcanzó los vasos. Le serví y bebió. Luego se fue a bañar y yo llevé la jarra al comedor para servirle a Juan Carlos. Me preguntó por Tom y Jerry en un tono amistoso y yo le dije que eran amigos que a veces se odiaban. Luego me cargó y me hizo cosquillas, me dio muchas vueltas en el aire, me giraba y me ponía de cabeza una y otra vez. Yo solo reía y reía queriendo quedar siempre de cabeza para poder ver el mundo de esa forma.

“A dormir la siesta” Dijo Mamá saliendo de su alcoba.

Juan Carlos me bajó y se despidió despeinando mi cabellera y yo corrí a mi cuarto a dormir, no sin antes girarme para sacarle la lengua por enredarme el cabello y dejarme olorosa a mecánico.

Cuando Estaba en la cama acostada mirando al techo, pensaba que solo se debía dormir de noche; que quería ver a Tom y a Jerry pelear y que Juan Carlos me diera muchas vueltas y me dejara de cabeza por siempre. Realmente no quería dormir. Entonces alguien entró a mi alcoba a pasos de gato sigiloso, como el gato Tom cuando iba a cazar a Jerry el ratón. Se cerró la puerta en un sonido sordo que se consiguió forcejeando la manija de la misma. Brinqué del susto y alcé mis ojos para ver quién estaba allí. Era Juan Carlos. Se acercó y se sentó a mi lado, acarició mi cabello, y luego, me dio un beso en la boca que me raspó la piel por su grueso bigote y seguido de ello, entre susurros dijo: “No se lo digas a nadie”