Escrito el miércoles, 21 de octubre de 2009 a las 22:53
Era domingo y salía del trabajo. Esta vez estaba en la kra 30. Era la tercera vez que me rotaban. El reloj advertía las 10:10 Pm. Salí con alexa por la entrada principal del centro comercial y le pregunté al celador dónde podía tomar mi ruta. Me dijo que habían dos opciones: La 30, avenida principal o la esquina de la 13. Pero con seria expresión me dijo que: "la 30 es mucho mas peligroso a esta hora." Don Saúl, que alivio es saber que ninguno es seguro. Gracias, nos vemos mañana.
Asi que ella y yo nos echamos a andar. Cuando íbamos por la 11, faltando dos calles para llegar a la esquina de la 13, observé a dos tipos con mala cara y pinta del otro lado de la acera que cruzaban en nuestra dirección. Nos siguieron por media cuadra hasta que nos subimos a una estación de transmilenio. Entonces los tipos frenaron y dieron media vuelta de regreso. Siguieron de largo y los perdimos de vista cuando cruzaron debajo de un puente.
-¡Diablos!, eso estuvo muy cerca Alexa.
Esta tenía los nervios de punta. Nos acercamos a otro señor dentro de la estación para preguntar nuevamente donde tomar mi ruta y que no fuera en dirección a la 13, donde por lo visto, estaba demasiado caliente a esa hora. Este viejo nos dijo que posiblemente ni siquiera hubiese ruta a esa hora y que era "muy pero muy peligroso" que andara por allí a esa hora.
-'¿Porqué no responden lo que se les pregunta?' Pensé. Viejo fastidioso y de mal agüero.
Le repetí la pregunta en un fingido tono de amabilidad y esta vez me dijo: 'cruzando ese parque sin iluminación llega a la 3o, pero el problema es que eso esta lleno de indigentes'
Me asomé desde la estación al parque y este señor, terco, testarudo y atrevido me reprochó: 'No debería si quiera pensar en meterse por ahí niña'
Miré el reloj. 10:20 pm.
-No se preocupe Don abuelo. Mi segundo nombre es Batman, le dije guiñándole un ojo.
Me volví con Alexa y le dije que me iba entonces por la 30, que no tenía otra opción. Probablemente esos tipos estarían rondando en la doce o la trece intentando cazar. Además que no me sirve la ruta del transmilenio. Me dijo que durmiera en su casa, que ella me prestaba ropa. Le dije que estaba a una hora de la mía y el trabajo a otros 40 min y debíamos estar a las 9:00 am en el almacén. Qué pereza despertarme madrugada Ale, mejor cuídame desde el puente, me podrás ver atravesando el parque hasta llegar a la 30.
Nos despedimos y bajé de la estación. Respiré hondo. Ahora solo estaba yo. No podía arriesgarla a ella también a que me acompañara a casa... Ale ale, si me pasa algo, ha sido un placer conocerte en estos dos días de trabajo que llevamos juntas, pensaba mientras caminaba. Llegué al parque que, efectivamente estaba sin iluminación y habitado por indigentes. Me volví hacía el puente y Alexa me observaba desde allí. Saqué de mi pecho un crucifijo sin valor religioso que me regalaron antes de viajar y entre susurros pedía a quién me lo obsequió: Por favor cuídame, cuídame, que nada me pase, por favor. Cuídame... Pero por dentro, muy dentro, una voz me reclamaba diciendome: Payasa dramática. Un crucifijo no te va a salvar...
Mi andar entorpeció, mis manos sudaban, mis piernas temblaban del frío, horrible y detestable frío capitalino. Miré nuevamente hacia el puente y ya los arboles me escondían de Alexa. En los alrededores algunos solo me observaban, otros se colocaban de pie y yo solo aceleraba mi paso. Veía la avenida lejana a pesar de llevar un paso de trote.
-¡Puto parque, te veías pequeño desde el puente!
Cuando por fin finalizó el sendero y llegué a la avenida principal 30, una chica paso a mi lado dirigíendose justo al lugar de donde yo venía. Sentí pena por ella. Yo acababa de advertir a los habitantes de victimas y esta estaba entrando como tal.
-Tonta, ojalá tengas suerte. Sino, ha sido un placer matarte indirectamente.
En la calle principal me hallé esperando una ruta que no aparecía; Era como una carretera fantasma: en silencio, abandonada. No había una sola persona en los alrededores. Todavía me faltaba el aire. Seguía asustada y escurridiza como un cachorro sin mamá. Crucé la carretera y me quedé en una esquina doble. De repente me volví al sentir a alguien detrás de mí y efectivamente, allí estaba un tipo a tan solo unos pocos metros. Lo reconocí al instante. Era uno de los que nos seguía cuando iba con Alexa. Retrocedí dispuesta a correr hacia el otro lado y para mi infortunio, allí estaba el otro.
-Auch!
Me sentí cazada, como ardilla bajo una caja. Caí directo. Me puse en bandeja de plata.
-Tonta tonta tonta. Ha sido un placer Alexa; mamá, lamento haberme ido de casa, papá, si Dios y su justicia divina existen, pronto nos veremos en el infierno. Hermanos... Mmm.. Olvídenlo.
Dejé de pensar en lo estúpida que fui cuando bruscamente uno de los tipos me empujó y se puso sobre mi contra una pared, amenazando mi cuello con un exacto (o Bisturí para algunos).
Su aliento dijo:"¡El bolso mona!"
Algunas palabras que no sirvieron de nada pronuncié y mi vista se nublo por las lagrimas que no pude controlar. Cada segundo que pasaba se convertía en una dificultad para respirar: Si por lo menos te calmaras e intentaras respirar bien; maldito ahogo, no es buen momento para que aparezcas. La universidad, no la terminé. Mis enemigos, malditos! bailarán sobre mi tumba! Que me quemen y rieguen las cenizas al mar! No! eso es muy novelesco! Que las usen como mezcla para la construcción de nuestra ultima casa, y que ese sea mi hogar.
Me desprendieron del morral; el otro sujeto que nunca pronunció palabra empezó a revisarlo.
-Qué decepción. Solo tengo las sobras del almuerzo y mucha basura guardada de los 3 últimos viajes. Seguramente me van a chuzar por no tener dinero.
Cuando el que estaba encima de mi volvió su cuello preguntando al otro que, qué había encontrado, el santo en el que no creo se me apareció y me iluminó. Empujé primero, ágilmente hacia atrás su mano que estaba amenazando mi cuello con la cuchilla y luego con todas mis fuerzas a él, que tropezando con un pequeño desnivel en el andén, se fue hacía atrás cayendo sobre el asfalto.
-¡Corre Hijoeputa, Corre ahora!
Momento en que sin dudarlo, corrí con los saltos más largos que jamás día en mi adolescencia, y que tripliqué al escuchar decir a grito del que cayó: "¡Agárrela pirobo!"
Podía escuchar los pasos del segundo correr tan cercanos y tan prontos de los míos que en un segundo, por instinto, sentí un disparo de energías por cada parte minúscula de mi cuerpo que me habría llevado a ganar alguna medalla de atletismo en un mundial olímpico.
Fueron algunas siete cuadras largas y desoladas las que corrí hasta llegar a una estación de gasolina bastante iluminada donde me frené detrás de un tipo, quien sin preguntarlo, supo de qué se trataba mi situación. No había señal de los otros dos.
La mano me dolía y la saqué subiéndola hasta mi pecho. Estaba empuñada guardando algo. La extendí y allí estaba el crucifijo que me había sacado del cuello, que el me había regalado. Me temblaba cual Parkinson crónico. Mis dedos estaban marcados por las puntas de la cruz que, sin darme cuenta había estado apretando con todas mis fuerzas desde el parque.
"Te debo una Cristian Casallas, una bien grande."