¿Te había dicho que no hay nada mas delicioso que estar ebrio a los 20 años?
Que ya la época de la depresión culminó. Que ahora con la música todo se hace mas llevadero. Que ahora escribo ebria las mayores estupideces que nunca sobria se me ocurrirían. Que tengo una colección de estas. Que el camino se hace a veces corto y a veces largo; que no aparece un lobo feroz para devorarme en el camino. Que la ventana me canta en el oido por las noches y no me deja dormir; que me asusta. Que me sigue dando terror dormir sola, que no logro tranquilizarme en la oscuridad. Que las ideas son solo ideas; que los sueños son mas que ideas, pero que últimamente se transformaron a pesadillas; que los espejos tienen un nuevo significado; que el reflejo me desconcierta, que la sonrisas de los rostros parecen fingidas cuando no son correspondidas; que las canciones me hacen tan triste, pero en otras ocasiones no logran tan siquiera rozarme con sus dedos invisibles ni mucho menos descubrirme. Y que se tiene una extraña sensación a ratos, de esas que te indican que la película pronto acabará.
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