lunes, 29 de junio de 2015

Despertar


La tarjeta que tenía en mi poder revelaba una invitación dirigida a mi persona para la celebración de la titulación de Kit. Luchó tanto para conseguirlo que la fiesta era imperdible.
Opté por un traje blanco y largo para el evento. Fui apodada por algunos amigos cercanos como 'la viuda de blanco' y más entrada la noche, 'la novia'.
"Oye novia, ¿te equivocaste de fiesta?". Esa noche Hizck me pidió posada; le dije que no se preocupara. Que iría a donde yo fuera. Pero cuando los tragos revelaron nuestra vulnerable humanidad, tomé un pedazo de la decoración de los manteles de una de las mesas, y me lo puse sobre la cabeza: "Ninguna novia puede llamarse como tal sino tiene su velo"les dije al resto del grupo, mientras paré un taxi y subía a este. Sin percatarme, Hizck estaba a mi lado ya.
Me bajé en casa del futuro novio, violé la seguridad del candado y toqué su puerta. El se asomó por la ventana y le dije: "He venido a casarme. Ya estoy lista."
Sonrió con los primeros rayos del sol que nos iluminaban a través de las montañas.
Subí las escaleras hacia el, como si me dirigiera al altar, haciendo gala de futura esposa. Cuando llegué hasta su rostro, levantó el mantel de mi cara y dijo: "acepto."
Nos metimos a su alcoba y dejamos dormir a Hizck en otra.
Le pregunté sobre los índices de productividad del pescado en la Ciénaga Grande; el contestó: "Yo qué mierda voy a saber"
Estallé en risas y despues de llegar, me dormí desnuda en su pecho.
Sentí el silencio y el tiempo desvanecerse
Abría y cerraba los ojos sin distinguir lo que veía. 
Me despertó despidiéndose, iba para clases y no regresaría hasta el medio día.
Asentí y me incorporé en su cama nuevamente.
No estoy muy segura sobre qué me despertó. Pero una cierta calidez estaba recorriendo mi cuerpo. Sentí que recobraba conciencia  y cuando lo hice, pude darme cuenta que Hizck estaba besando mi clítoris.
El pánico me invadió, el asco, la impresión. La repulsión fue inevitable
Le dije que parara, y el paró. Nos quedamos mirando en silencio, sin decir una sola palabra. Sentí nauseas, realmente lo apreciaba y ahora no estaba segura de qué sentía.
Se fue al poco rato y dos semanas después, lo volví a ver en una manifestación a favor de los derechos y empoderamiento de la mujer.

No quise saludarlo
ni hablarle,
nunca más.


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