sábado, 3 de septiembre de 2011

Erótico

Como en cada clase, ella estaba sentada en su puesto habitual: Bajo el ventilador de la izquierda, cercano a la ventana. No se por qué razón hoy tenía unas ansias incontrolables que se reflejaban a través de su lenguaje corporal: Cruzaba las piernas una y otra vez, recogía y soltaba su cabello, mordía sus uñas desmesuradamente o bien se reacomodaba en las sillas de alguna forma nueva; Al final solo se fijó en mascar y chupar la punta superior de su bolígrafo.

A dos puestos detrás de ella, eduardo la observaba con una mezcla de deseo y admiración y durante cada clase que le veía, se perdía en las largas piernas o en los ojos tristes de Mayra.

Pero, momento; ya no era admiración. Eduardo humedecía sus labios y empezaba a respirar de manera acelerada mientras observaba a Mayra chupar con ferocidad la punta de su bolígrafo. Sus ojos se dilataron y su exhalar se precipitaba ante cada pestañeo de esta. Una gota de sudor bajaba por su sien mientras su piel empezaba a tonarse rosada, a punto del color que causa el éxtasis instantáneo de un orgasmo. De repente Mayra se levanta y pide permiso para ir al baño; cruza a través del salón mientras trata de tapar su boca tímidamente: El lapicero se había dañado en la parte superior por los mordiscos de esta y ahora la tinta azul destilaba por sus dientes, lengua, labios y desembocaba chorreando en su barbilla. Eduardo la observó con tanto detenimiento y placer que su rostro reflejaba lo que su cabeza imaginaba: La tinta, el lapicero, Mayra, la boca de Mayra y el. Una eyaculación pedagógica.

Mientras tanto, yo del otro lado del charco agradecí al erotismo por existir en los tediosos momentos escolares.

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